Sunday, May 20, 2012
   
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Educación, relativismo, decadencia.

Cuando, en El Salvador, se habla de altos estándares educativos, de inmediato surgen los nombres de los, otrora, grandes y emblemáticos colegios católicos.

Sin embargo no solo el área meramente académica era de resaltar en estas instituciones. La formación en la Fe Católica era superlativa, apegándose con estricta rigurosidad a la Sana Doctrina de la Iglesia que les da su estatus y durante mucho tiempo fueron los semilleros de los que se nutrieron los seminarios de las distintas órdenes religiosas que guían estos centros del saber.

La Fe y devoción que se inculcaba desde niños a los privilegiados alumnos fue un motivo de orgullo para la sociedad salvadoreña y de sus aulas surgieron los lideres que guiaron al país a lo largo de muchas décadas.

De mi cosecha sabré decir que en el Liceo Salvadoreño de la época de los años ochenta, la instrucción no se limito al ámbito de lo meramente académico o espiritual y la lectura de los documentos claves de la Doctrina Social de Iglesia como el Concilio Vaticano II, Puebla, Medellín y de múltiples encíclicas papales como la Rerum Novarum y Populorium Progressio, fue aparejada al más estricto apego a la realidad teológica, fuera de interpretaciones ideológicas extravagantes. Eso contribuyo en mucho a que, aun contra las corrientes imperantes en aquella década, muchos se mantuvieran como firmes defensores de la fe.

Como tal, el relativismo, no pasaba de ser una negra nube que nunca pudo ocultar el resplandecer de la Doctrina Católica. Pero ya empezaban a verse signos claros de lo que degeneraría en males posteriores.

Cuando el maestro de una institución católica empieza a poner la Doctrina en el plano del cuestionamiento supuestamente filosófico, las cosas comienzan a ir mal y cuando este cuestionamiento es definido por y responde a ideologías que pretenden hacer coincidir las enseñanzas de Iglesia con las conveniencias políticas de grupos ateos la debacle es segura y llega pronto.

Lo digo sin temor a equivocarme: confundir una joven alma es asesinar el espíritu del alumno.

Ahora la cosa es peor. Los mismos que fueran semilleros de la Iglesia Católica, se están convirtiendo aceleradamente en reductos oscuros, donde el espíritu se pierde en una maraña de idioteces, injurias y a veces hasta herejías y la enseñanza apegada a la Sana Doctrina no es más que un recuerdo reservado a los "reaccionarios" y "anticuados" católicos de antaño.

Las causas de esta decadencia espiritual, que conduce a la decadencia educativa, son muchas pero invariablemente proceden de la etapa formativa de los actuales educadores en la Fe en manos de los ideólogos de lo absurdo que siguen esperando encontrar en pensamientos proscritos por la misma Iglesia, como la teología de la liberación, las soluciones a una realidad social que lo que requiere son Valientes Católicos dispuestos a anunciar la Buena Nueva del amor y no la llevada y traída lucha de clases.

Sería impropio no hablar de los buenos y honorables maestros que aun luchan contra viento y ofensas por el imperio de la Doctrina pura, simple y gloriosa de nuestra fe Católica. A esos que se les ataca por creer sin reservas en la Verdad de la Escritura y la supervivencia de la Iglesia que los formo y se mantienen al margen de la corriente relativista que poco a poco corrompe las almas de los miles de jóvenes que aun estudian en estos centros antaño gloriosos.

A Ustedes va este llamado a luchar por sus creencias y por su fe y a transmitirla a las jóvenes generaciones.

Ustedes son, sin lugar a dudas, la última trinchera en que las almas puras y jóvenes pueden encontrar refugio ante el ataque de las más absurdas posiciones que relegan a Cristo Jesús a su dimensión histórica y contradicen a diario la Doctrina emanada del amor de una Iglesia que, a pesar de todo, sigue siendo “sal y luz del mundo”.

De lo que hagan ustedes, maestros amigos del bien, depende en mucho el futuro de esta sociedad que ya no conoce a Dios porque algunos de los encargados de proclamarlo a los más jóvenes, se dedican a repartir enseñanzas panfletarias en lugar de anunciar el Reino, acaso porque carecen del conocimiento intrínseco e íntimo del Dios Vivo y Verdadero.

De ustedes depende no solo el resurgir glorioso de la Fe, sino también el devolver el brillo a los metales ennegrecidos por el relativismo de nuestros queridos colegios católicos.

Hector Menjivar
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